Foto grupo

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jueves, 20 de julio de 2017

XTREME, PERO NO TANTO...







Me apostaría lo que fuera (conste que últimamente tengo varias cervezas apuntadas en el ‘debe’ como deudas de juego) a que fue ése el pensamiento de cuantos, haciendo caso omiso de las malas lenguas, decidieron tomar la salida en la VX de este año.


Se cumplía la undécima edición de una marcha que en cada ocasión aglutina lo más granado de cada casa (no está de más echar un vistazo a las fotos del spa para darse cuenta de la calidad contenida en esos cuerpos…). Y que poco a poco va cumpliendo su empeño de mostrar las maravillas de la ‘Sierra Segoviana’.



Amén de que los caminos que conducen a algunos de esos lugares son inescrutables, hay que señalar que la ‘Valsaín Xtreme’ volvió a ser un éxito. No sólo por la magnífica disposición cada uno de los Titanes, que pusieron todo de su parte para superar los escollos del terreno  (a partir de ahora, el Carril del Gallo será conocido sencillamente como ‘la cuesta de la gallina’). Sino también, y sobre todo, por el buen ambiente que vivimos hasta más allá del café. Lo que sin duda es un acicate mayor para prosperar en nuevas ediciones.


Parecía que empezábamos algo aletargados hasta la primera subidilla en dirección a la Fte. del tío Linos. Nada gratuita teniendo en cuenta que debíamos entonar las piernas antes de hacer frente al primer monstruo del día, la subida a La Gallega desde Navalrincón. Debo decir que no sé qué me sorprendió más: el buen estado de forma del pelotón, o el hecho de que ninguno de sus integrantes acabara donde aquel perdió el mechero…(Un hurra por la organización que se curró el trazado a brazo ‘partío’ con toda suerte de hitos).








Superada la primera dificultad, la ruta nos da el tiempo imprescindible para coger aire antes de meternos en harina de nuevo. Enseguida la subida de los Corrales de la Desesperada vuelve a poner a prueba nuestras fuerzas. Arriba, la bandada de buitres, que hiciera las delicias de  Chaning, levanta el vuelo a nuestro paso junto al muladar. Lo más duro está hecho. Como diría Duke, “aún queda lo mejor”.

Y no le faltaba razón… Lo bueno, siempre está por venir. Y, a estas alturas, la ruta todavía guardaba un buen montón de sorpresas. Ocultos senderos rebosantes de piñas empeñadas en hacernos zozobrar dentro un mar de helechos conducen nuestros pasos a la Fte. de Palominos. El lugar ideal para reponer líquidos y preparar el último asalto antes de alcanzar nuestro propósito, La Fuenfría.  Antes de llegar a  Fte. la Reina hay un bonito sendero de esos que son mucho más bonitos cuando los haces de bajada...ja,ja… Después de ella, aún nos resta ascender la Calzada Romana. Pero qué le vamos a hacer? Yo no puse los sitios donde están…



Sin embargo, tanto esfuerzo habría de tener cumplida recompensa. Sólo hay que ver la sonrisa de oreja a oreja de Manu y compañía en la Pradera de Navalazor para darse cuenta de cuánto mereció la pena bajar ‘El Gallo’. Todo ello a pesar de que alguno que otro decidiera parar a mitad de camino para ‘comprarse una parcelita’… (Creo que Rober y Cachana están estudiando montar una inmobiliaria juntos…ja,ja…)
Tras el subidón de adrenalina, nada mejor que un senderito con mucho flow para devolver las pulsaciones a su sitio. Así pues, tomamos el que une los ‘comecocos’ de la carretera del puerto, e inmediatamente el que baja hasta el puente de los Vadillos. Resultado, como nuevos!!
La traca final tendría como protagonista la Vereda de Valbuena, y la clásica ‘encerrona’ (de la que escaparon más de la mitad debido a un despiste) subiendo las escaleras de la Boca del Asno.


El baño en el Spa, una riquísima paella y, por supuesto, la entrega de los ‘Títulos de Titán’ pusieron el colofón a una jornada difícil de olvidar para quienes la vivimos. No sé si la próxima edición de la ‘Valsaín’ será más o menos xtreme. Pero una cosa está clara, cuento el tiempo que falta para la VX’18.
Ya queda menos!!!









Triky

martes, 16 de mayo de 2017

LA RUTA DE LOS PUERTOS





      No mentiría si dijese que llevábamos meses pensando hacer esta rutilla. En la época dorada de la ‘postverdad’, para ser sinceros del todo diremos que la idea surgió en una escapada a finales del verano pasado. Una de esas que se empiezan sin rumbo fijo y acaban convirtiéndose en todo un descubrimiento no sólo para repetir sino para compartir.
         Así las cosas, el recorrido reunía todos los requisitos (habida cuenta de la “programación infantil”, je, je…) para albergar la XIII Clásica de primavera.
         

  Salimos de Arcones extrañamente puntuales.
Un buen café con leche (sin aspirina que pone las venas gordas…), y rodamos rumbo a Prádena entre sabinas. Alguno andaba todavía dormido hasta que al paso por el área recreativa ‘El Bardal’ el terreno empieza a picar para arriba. Estoy seguro de haber oído un  rotundo “cojonudo” al alcanzar la valla en la que practicaríamos, de nuevo, el lanzamiento de altura bici en ristre.


       (Ahora que lo pienso esta disciplina cuasi-olímpica se está convirtiendo en una constante de las últimas salidas…ja,ja…)

A partir de aquí nos sumergimos en la acebeda. Sin darnos cuenta (excepción hecha de todos los improperios salidos de la boca de Rober a cada raíz, piedra, o similar…), ganamos metros mientras contemplamos el pueblo allá abajo. 

 




Al llegar a la cuerda el horizonte nos presenta una panorámica del país entero. Qué pasada!!



         Tras coronar el primer puerto de la jornada -La Acebeda- viene algo así como un ‘falso llano’, pero aderezado con un par de crestas que hacen las delicias del sector ‘rutero’ del pelotón… El vértice geodésico nos avisa de que es hora de reponer fuerzas; algo que haremos al abrigo del siguiente puerto, Peña Quemada.




         La placidez de La Horizontal nos conduce sin esfuerzo al tercer collado de la ruta, el de Linera. Diez kilómetros nos separan de Matabuena y son toditos para abajo. Una oportunidad de oro para Gabi que anda testando la burra de Manu… Apenas pude gritarle que esperase en el cruce mientras me arrancaba las pegatinas a unos 285 kms/h.
        

    Luego, ¼ y mitad de Cañada; Matamala; un esfuerzo más al paso por la ermita de la Virgen de la Lastra; y meta.


    La pitanza corrió a cargo del restaurante ‘La Cerca’ donde, esta vez sí, fuimos ampliamente resarcidos de anteriores afrentas hosteleras… Once sobre diez!



Triky

sábado, 15 de abril de 2017

JUEVES DE PROCESION







Atruenan los tambores mientras, cual penitentes cargando sus monturas, lentamente los bikers realizan el ascenso más duro de la jornada… Semejante imagen, más propia de la Procesión de los Pasos, tenía lugar no obstante en dirección al Collado de la Marichiva.
Y es que el pasado Jueves Santo los Titanes pusimos en práctica nuestra particular interpretación de lo que debe ser la Semana de Pasión. Tal como alguno dijo: “el jueves es día de procesión…”  Dicho y hecho!
En realidad el Vía Crucis ya había empezado de camino al Panorámico de La Losa, o eso debió de pensar el conductor del autobús que contemplaba absorto el atasco en la raqueta de entrada… La delegación pucelana acudía en pleno a la propuesta de El 3er Pedal para conquistar La Mujer Muerta. 


Más de veinte en bici y uno corriendo (sí, sí, habéis leído bien… a patita!!) tomamos la salida a eso de las diez camino del Pasapán. Tras someter a todas y cada una de las bicis a un exhaustivo test de pesaje en la portera que hay junto al helipuerto de la Cañada, le fuimos ganando la partida a la subida. Por cierto, y no es que yo me queje, pero alguna de ellas levantaría el vuelo sino portase un tío encima… Qué ligereza, por Dios!! 






La magnífica pista de subida no ofrece muchas trabas a nuestro ascenso y alcanzamos Pasapán, donde tras reponer fuerzas y dejar testimonio gráfico ponemos rumbo a los embalses de El Espinar. Antes de llegar a ellos se encuentra la dificultad técnica de la ruta: la bajada por la Pedriza del Gamonal. El arrastradero impone su ley, y más de uno se baja de la bici antes de tiempo. Afortunadamente sin consecuencias.


Para que se pase el susto, tomamos un tramo de pista rodeando el Vado de las Cabras, y enfrentamos el auténtico reto de hoy. La Marichiva sí que da miedo! Ja, ja…
La subida a Marichiva siempre es un espectáculo, y hoy con más motivo. Allí tienen lugar los mejores momentos del día con los ‘cantos de saetas’; y un buen montón de piropos a cierta virgen  de dudosa reputación… ja,ja,ja…
Avituallamos en la Fte. de la Vereda del Infante  y nos dirigimos raudos hacia la Fuenfría mientras contemplamos la belleza del paisaje que nos rodea. Tanto nos gusta que, sorprendentemente, entre Javi y Duke deciden comprarse una parcelita antes de llegar al puerto…


En el Alto apenas nos detenemos. Sólo reagruparse y para abajo. Parece que ya está hecho; pero no… Aún queda mucho por descubrir. Lo más divertido, diría yo… Puro all-mountain! De hecho, tuve que repartir unos kleenex al final de la bajada a la Acebeda para limpiar los hilillos de baba que caían a borbotones. Alguno, incapaz de controlar la emoción que le embriagaba, se arrojó sin dudarlo a las fresquitas aguas del arroyo para salir del trance… Je, je…


La anécdota del piscinazo de Javi, y una pequeña avería de Santiago (detalles imprescindibles en toda marcha que se precie) remataron una auténtica jornada de MTB que vio completado su recorrido por la Cañada hasta el punto de inicio.

Lo que vendría después no sé cómo calificarlo. Sólo diré que por mucho que la camarera se empeñó, no logró borrar la sonrisa de nuestra cara. Se ve que llegaba tarde a la procesión…





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Triky