Foto grupo

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viernes, 1 de noviembre de 2019

YO X TI, TU X MI









               Poco me podía imaginar bien de mañana, cuando los acordes del moñerío rosaliano nos acompañaban al tomar el camino del norte, que habrían de convertirse en el leitmotiv de esta aventura. Un año más los Señores de las Tierras Brumas habían preparado su ‘Clásica del Pincho’, cita obligada del mountainbike traspindejo.

Allende los caprichos del clima, conjurados por un jilguero con bigote metido a meteorólogo, como es costumbre dimos el pistoletazo de salida con el tradicional brindis de magdalenas. Nada más enfilar el sendero del Negredo, Álvaro no pierde la oportunidad de recoger algo de pellet para la caldera al paso por unos palos olivados con cierta mala leche. Visto que no hay consecuencias mecánicas ni óseas, seguimos camino hacia Tudela. Una de las pocas zonas que todavía no habían recibido audiencia…


Enseguida atravesamos el pueblo poniendo tierra de por medio con los coches que no volveremos a ver hasta nuestro regreso del bucle que nos espera. Empieza la fiesta...! Poco a poco le vamos ganando terreno a la primera subida del día que nos lleva arriba del Páramo. Después del ascenso tendido buscamos la cara norte para presentarnos al examen que plantea la senda de la Casasola. Casi cuatro kms de greda a punto de caramelo (una suerte de fairy de alfarería que emboza las ruedas, amén de los que van encima, formando una película arcillosa que eleva a la categoría de milagro mantenerse sobre la bici mientras se sortean pinos, repechos y bajadas, o pasos inclinados a media ladera…) Sólo unas gotas más de lluvia habrían hecho imposible esta delicatesen, retorcida hasta la extenuación y aderezada con un puntito de velocidad, de la que el gran Manu es un cheff consumado.



Llegar al cruce de caminos suma al tiempo liberación y  nostalgia, y mientras sorteamos los perdigonazos que escupe el taqueado de las cubiertas luchando por liberarse de su carga en el descenso hacia ‘El Principiante’ la añoranza de más senda crece exponencialmente. Deseo concedido: nueva dosis de pinos y más pinos, curva, contracurva, un salto, peralte a la izquierda, pino, pino, baja la tija, arriba, cambia, cambia, un tobogán, otro, otro más, repecho, pino, derecha, izquierda, aaaaarrrrjjjjjjjj…! Ahora el grip es perfecto así que lo gozamos como críos con bici nueva... Todo un chute de flow en vena, esto es MTB en estado puro..!


Y sin embargo, aún nos quedan sorpresas por descubrir. Estamos a punto de enfrentarnos al plato fuerte del día: la Mambla. Más de cien metros de desnivel en apenas un kilómetro. Subida vertical y bajada más vertical todavía. Arriba una de esas vistas acojonantes del país entero que merecen la pena. El lugar perfecto para reponer fuerzas. Enfrente nuestro la Cuchilla se yergue desafiante, aunque tendrá que esperar para otra ocasión. El ‘orvallo’ hace acto de presencia a la que Duke le pega el último mordisco a sus donuts. Es hora de poner rumbo casa.
No por ello se ha acabado lo bueno. Nada más lejos de la realidad. El regreso a Traspi ofrece nuevas dosis de diversión. La senda del Duero vuelve a recordarnos porque nos gusta tanto jugar a las bicis y sobre todo porque nos gusta jugar juntos. Ya sea aquí o allí, yo por ti y tú por mí como decía la otra…
Un breve paso junto a las bodegas que dan nombre a una ribera dedicada al vino y ya estamos listos para compartir mantel. No todo iba a ser dar pedales… El nivel de las viandas, como siempre, sólo puede rivalizar con el de los anfitriones cuya calidad humana traspasa fronteras. De la que ostentan sobre la bici únicamente pueden dar fe aquellos que tenemos la fortuna de montar a su lado.  Y por Dios que la damos!


Lo pasamos tan bien en la comida como en la ruta. Tanto que aún tengo agujetas de reírme. Y eso que soy uno de los pocos “heterosexuales puros” que quedamos…


Triky