Foto grupo

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viernes, 3 de agosto de 2018

OVACION, DESPEDIDA, Y CIERRE?







           Daba comienzo la duodécima edición de la VX’ con el yugo en ciernes de la próxima aprobación del temido PRUG. Doce años organizando rutas en nuestra sierra dejan un amplio bagaje de experiencias vividas, y de todas ellas siempre se saca la misma conclusión: no dejar que nada estropee un gran día de MTB.
         Así las cosas, y a pesar de las instituciones, nos dispusimos a dar cuenta de senderos, caminos, trochas y demás (incluso algo de asfalto, debo reconocer…) que nos harían disfrutar de lo lindo.
     

  Como cada año, partiendo del área recreativa Boca del Asno, los primeros kilómetros hicieron las delicias de propios y extraños. Un bonito singletrack (canelita en rama) que nos conduciría primero hasta la Fuente de la Cantina, y desde allí hacia los Praderones, sirvió bien al doble propósito de calentar motores al tiempo que afinar destrezas…


         Sin embargo, donde realmente empezó a verse de qué pasta estaba hecho cada uno fue en la subida del Juego de Bolos. La primera subidita del día iba a llevar al límite las pulsaciones de más de uno. Y eso que lo mejor estaba aún por llegar…
         La pista, compartida a esas horas con una excursión de caballistas, otorga una tregua que permite a ciertos corazones desbocados su regreso al redil. La experiencia dicta que todo va bien cuando los comentarios jocosos vuelven a ser protagonistas en el seno del pelotón, señal inequívoca de que la recuperación es un hecho. Así, después de ese momento ‘verano azul’, y de cierto despiste a costa de un gepeése en huelga de tracks caídos, llega lo más esperado por todos: La subida a la Majada por Prado largo. Vamos, lo que en el argot viene siendo ‘la subida gorda’… ja,ja.

         Fercu y Roberto, quien también parece llevar motorcillo, toman la delantera. Y poco a poco los demás vamos encontrando el ritmo. Queda mucho? Naaaá, una curvita más y llegamos… Pasamos el arroyo de los Quebrados sin dificultad (nada que ver tiempo atrás cuando pude certificar las bondades del deshielo al cruzar); y aprovechamos el final del sendero para reagruparnos. Momento dulce donde los haya en toda ruta ciclomontañista que se precie. La elección del sitio no es en absoluto baladí, pues ha de ofrecer descanso al guerrero y, sobre todo, una buena perspectiva de los que faltan subiendo ‘in extremis’ mientras afrontan ese último paso que marca la diferencia entre convertirse en semidiós o en vulgar nenaza. Ja,ja,ja…
         La conexión con la pista del Tío Levita y un buen número de cámaras de fotos dejaron para la posteridad ora paseos triunfales sin gota de sudor en la frente; ora muestras de una nueva disciplina olímpica como es el empujabike; incluso hubo una demostración in situ sobre cómo convertir la bici en una bola de pinball rebotando con todos y cada uno de los pinos a un lado y otro del camino. Real como la vida misma…
         Menos mal que sólo una curva (titánica eso sí) nos separaba del avituallamiento en la Cabaña de Majada Hambrienta. Con la tripa llena todo se ve mejor. Hubo tiempo para recuperar fuerzas, hacer fotos, soltar risas y encajar mandíbulas absortas con la belleza del paisaje.
         Parafraseando a un tal Newton, que de esto algo debía saber: todo lo que sube tiene que bajar… Llegaba así la parte más divertida de la ruta. Cuando la gravedad se hace amiga del biker surge un cúmulo de emociones (algo inexplicable para el resto de mortales) que te empuja a disfrutar una bajada mientras la bici dibuja perfectamente el terreno y te sientes dentro de un todo. Una simbiosis perfecta entre hombre, máquina y entorno que es más que la suma de las partes. He aquí la teoría del Flow. He dicho!!

         
El sendero que nos bajaba de la majada cumplía semejantes premisas a pies juntillas. Tanto fue así, que a más de uno le supo a poco y se empeñó en repetir experiencia haciendo eso que nunca se debe: subir una bajada… ja,ja
         Dos Cabañas, la Casa del Cebo, el Rincón del Abuelo, el Esquinazo fueron testigos de nuestras andanzas. Y casi sin darnos cuenta estábamos cruzando las calles del Real Sitio. Antes un padre y su hijo (y alguno que otro sin relación familiar) se confabularon para poner a prueba la dureza del terreno. Ganaron ellos, por supuesto!
         Cualquiera diría que tras pasar por La Granja el trabajo estaba hecho, pero claro, toda buena ruta guarda una sorpresa al final… La subida desde el puente del Niño, el paso por el Parque de Valsaín, pero sobre todo, el vado del Eresma (en el que algún graciosete con ínfulas de castor levantó una mini central eléctrica) iban a poner el broche de oro a una mañana en la que la bici fue sólo la primera parte de toda la diversión.
         Como siempre, los reparadores chorros del spa Boca del Asno, y una sabrosa paella nos pusieron a tono para repetir faena. Al menos esa es la intención. Veremos si la sinrazón del político de turno impide o no que podamos disfrutar de más mañanas como ésta. La suerte, en forma de decreto, está echada. Cruzaremos los dedos…

                Triky©